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Bastaba cerrar los ojos para vislumbrar la trama en la que mi casa era escenario y sustancia de cuanto me constituía; y yo, un continente irremediablemente contenido, a salvo -o eso creí- de cualquier borrasca inoportuna. Esta vez, no obstante, el sueño mostró las baldosas del cuarto de baño abriéndose raudas al baño del cuarto, como el dique que franquea sus compuertas sin estorbo, mientras una cantinela de pesadilla transpiraba entre bostezos su pequeño ahogo cotidiano. Me acomodé mejor la almohada. Seguí durmiendo.
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lunes, 10 de febrero de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
La música de las sirenas, ed. de Javier Perucho
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Contenta de formar parte de esta antología sirenóloga, a cargo del editor mexicano Javier Perucho.
Con Lilian Elphick, Diego Muñoz Valenzuela, Juan Epple, Juan Romagnoli, Sandra Bianchi,
Contenta de formar parte de esta antología sirenóloga, a cargo del editor mexicano Javier Perucho.
Con Lilian Elphick, Diego Muñoz Valenzuela, Juan Epple, Juan Romagnoli, Sandra Bianchi,
Isabel Mellado, Susana Camps Perarnau, Ginés Cutillas, Fermín López Costero, Antonio Serrano Cueto, Nana Rodríguez, Ana María Shua, Raúl Brasca, Daniel Ávila y otros muchos.
martes, 4 de febrero de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
La más cruel de las certezas, de Mario Pérez Antolín
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Decir sintiendo
Tras la publicación de Profanación del poder (2011), este nuevo
libro de aforismos, cuyo título alude a la muerte, es la segunda de las tres
entregas que ha previsto el autor. Ambos comparten el empeño de criticar el poder
y su ejercicio, además de un sinfín de reflexiones sobre la condición humana. En
el volumen inicial de la trilogía, donde reúne aforismos, microensayos y
poemas, junto a varias reflexiones en torno al cultivo del género aforístico, al
que el autor desemboca desde la poesía, se anuncia su concepción del género:
«Escribo filosofía; doy testimonio de mi ruina sin inmutarme»; o bien: «Hay
maneras y maneras de anunciar el desastre: prefiero la que más se acerque a la
hiperrealidad» (p. 48).
Si en aquella primera incursión en
el aforismo ponía de manifiesto su interés por diversos asuntos relacionados
con el espíritu: ya se tratara de cuestiones más o menos abstractas, como la
inspiración, el ansia de poder, el éxito y el fracaso; ya de pasiones netamente
humanas, como la vanidad o, por el contrario, la capacidad de resistencia, entre
otras; en el nuevo libro ahonda en esta misma senda de exploración del alma
humana, y de cuanto la concierne, convencido de que en épocas de incertidumbre
el pensamiento aforístico se revela crucial.
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Esta vez, sin embargo, el libro parece alimentarse de una interesante aportación: la que supone introducir el uso de la ficción narrativa; un recurso del que ya se hacía eco el profesor José Ramón González en su Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología (1980-2012), y de la que Pérez Antolín se aprovecha de igual modo: «Entre la pregnancia de lo real y lo ideal alambicado hay una hienda por la que se cuela la ficción, adoptando formas sagradas o profanas. Este relleno lubricante facilita el deslizamiento de los bloques titánicos de racionalidad» (p. 138). No podemos estar más de acuerdo con el autor, aparte de ser un hecho que cuando se remonta a las esferas celestes de la abstracción resulta, en ocasiones, algo retórico y alambicado; mientras que cuando desciende al terreno de lo real manifiesto, sin necesidad de pecar de anecdótico, parece mucho más certero, llevando a buen puerto el desarrollo de su elucubración.
Esta vez, sin embargo, el libro parece alimentarse de una interesante aportación: la que supone introducir el uso de la ficción narrativa; un recurso del que ya se hacía eco el profesor José Ramón González en su Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología (1980-2012), y de la que Pérez Antolín se aprovecha de igual modo: «Entre la pregnancia de lo real y lo ideal alambicado hay una hienda por la que se cuela la ficción, adoptando formas sagradas o profanas. Este relleno lubricante facilita el deslizamiento de los bloques titánicos de racionalidad» (p. 138). No podemos estar más de acuerdo con el autor, aparte de ser un hecho que cuando se remonta a las esferas celestes de la abstracción resulta, en ocasiones, algo retórico y alambicado; mientras que cuando desciende al terreno de lo real manifiesto, sin necesidad de pecar de anecdótico, parece mucho más certero, llevando a buen puerto el desarrollo de su elucubración.
La variedad de temas convierte este libro
en una miscelánea de saberes y sentires que no duda en ofrecer desde la
adopción de géneros diversos. Para ello, junto al aforismo y cierta narración
que acerca sus textos al microrrelato sin dejar de ser microensayos narrativos,
Pérez Antolín recurre al poema reflexivo, aunque más a menudo redondee sus
pensamientos dentro de las hechuras del microensayo libérrimo de Montaigne, y que
más tarde cultivaría Goethe, bajo la apariencia de ‘escritos de ocasión’.
En este sentido, Victoria Camps no
duda en señalar lo siguiente: «Merece la pena detenerse en las ocurrencias que
encierra este libro y dejarse interpelar por ellas» (p. 8). También el propio
autor lo destaca en sus páginas como una posible poética del género: «En estas
notas escribo lo primero que se me ocurre, cuando menos me lo espero y dando al
resultado la menor importancia posible» (p. 16). Así, en lugar de ser un defecto,
esta escritura de circunstancias se revela todo un acierto. «Has de ser menos
elocuente para parecer convincente. La superioridad intelectual nos hace perder
credibilidad emocional» (p. 26), comenta. Y, sin embargo, comparado con su
anterior libro, en estas páginas creo que desarrolla un estilo más pulcro y
llano que casa muy bien con cuanto quiere transmitir. No en vano, al finalizar
su lectura nos queda la impresión de haber recorrido un momento decisivo de
nuestro tiempo: el que atañe a la primera década del siglo XXI, tan sobrepasado
ya de por sí, con tantísimos frentes abiertos que el autor no deja de abordar.
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* Esta reseña ha aparecido publicada en la revista de literatura Quimera del mes de enero.
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miércoles, 22 de enero de 2014
sábado, 18 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
Ciento cuarenta y uno
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El medio moldea el mensaje a su imagen y semejanza.
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El medio moldea el mensaje a su imagen y semejanza.
.................El medio nos hace masaje.
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miércoles, 15 de enero de 2014
martes, 14 de enero de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
lunes, 6 de enero de 2014
Ciento treinta y siete
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* Cortesía de Franz Frichard, alter ego peZqueñín de Ricardo Ranz.
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Los Reyes Magos son los niños.
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* Cortesía de Franz Frichard, alter ego peZqueñín de Ricardo Ranz.
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viernes, 3 de enero de 2014
Ciento treinta y cinco
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El amedrentamiento es el recurso
que emplean para medrar quienes
confían ciegamente en su talento.
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Hay quien amedrenta
con el extraño fin de captar
la benevolencia del amedrentado.
.....la benevolencia del amedrentado.
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jueves, 2 de enero de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
Ciento treinta y tres
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La madurez no garantiza el talento;
a decir verdad, ni siquiera sabemos qué lo fomenta.
(Feliz año nuevo)
.(Feliz año nuevo)
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lunes, 30 de diciembre de 2013
Confesiones de una chica de rojo, de Lilian Elphick
Seda salvaje
La escritora Lilian Elphick (Santiago de Chile, 1959) ha cultivado el
microrrelato, además del cuento, en libros como Ojo travieso (2007), Bellas de sangre contraria (2009) o Diálogo de tigres (2011). Asimismo, ha
sido incluida en diversas antologías sobre narrativa breve. Si en su primer
libro de microrrelatos se dedicaba a bucear entre los pliegues de la memoria (la
sombra de Alejandra Pizarnik es transversal en toda su poética); en el segundo recuperaba,
a través de la reescritura, audaces vidas de mujeres mitológicas: Hipatia,
Lilith, Pandora o Penélope, cuando no reinventaba otras posibles: Adana, Poseidona,
Sísifa o Aquilea...; mientras que en Diálogo
de tigres componía historias alegóricas de corte metaliterario en las que los
personajes compartían con la narradora su deambular errático.
En
su nuevo libro, Confesiones de una chica
de rojo, Elphick recrea desde la ficción una voz narrativa con visos
autobiográficos, como si necesitara hacer recuento de lo cosechado y perdido, partiendo
de determinados rasgos de estilo: el uso penetrante y descarnado del diálogo
propio del microteatro, la reelaboración irónica de mitologías o la invención
de supuestas historias que persiguen restablecer cierta justicia poética
respecto a sus personajes, algunos tan humanos que a menudo olvidamos su
naturaleza ficticia.
El
volumen se divide en dos secciones: la primera no posee título específico, mientras
que la segunda se denomina “Otras verosimilitudes”. La serie con que se inicia,
“El crujido de la seda”, quizá sea la mejor del conjunto: Está compuesta por seis
microrrelatos numerados, de lectura independiente, protagonizada por una pareja
de harapientos a lo Vladimir y Estragon, quienes huyen de un asesino por
haber sido testigos de un crimen, y cuya
suerte se decide al final, en las palabras que pronuncia uno de ellos: «si
cruje, no te asustes. La seda es así». No en balde, las piezas de Lilian
Elphick son siempre sugerentes, sensuales y lúdicas, sin que falte en ellas la
ironía o la sátira, tanto en relación con el lenguaje (puede apreciarse en “sesilU”,
“Ojepse” y “Expejo”), como por lo que refiere a las mismas historias y personajes,
quienes a duras penas se libran del infortunio, obligados como están a sobrellevar
un destino feroz. La narradora, consciente de ello, se ríe a menudo de sus
criaturas, aunque otras veces también se apiade.
De
igual modo, es frecuente en estos textos la presencia de narradores testigo o
en primera persona, lo que confiere a las diferentes historias poder de
convicción, una envidiable fuerza expresiva que termina por agrupar las
diversas piezas del conjunto. Aun cuando la mayoría de los microrrelatos hace
gala de una prosa poética perfectamente aquilatada, otras veces el tono se
revela cercano a lo ensayístico: «(…) convengamos en que el mal sueño es la
palabra. No hay nada que descifrar, para qué buscar significados en el agua
transparente, esa que bebemos todos los días, un poco cansados, trasnochados,
apurando el cigarrillo para prender otro», leemos en “El dolor”. Mientras que en
otro texto del último apartado, “Verdadera historia de la infamia”, se afirma:
«Decir más es imposible. Porque una palabra más es una explosión más, una mujer
sin nombre, el hambre desdentada apoderándose de un mendrugo». Con este libro Lilian
Elphick ratifica su importante posición dentro del microrrelato hispánico y chileno,
junto a Pía Barros, Juan Armando Epple, Diego Muñoz Valenzuela y Gabriela
Aguilera, cultivadores todos ellos de la narrativa más breve.
* Esta reseña ha aparecido en el número de diciembre de la revista de literatura Quimera. El dibujo de cubierta del libro de Lilian Elphick es de Sergio Astorga.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Ciento treinta y dos
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* Este belén es obra de David Montellà Pellicer, mi sobrino pequeño.
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La carestía sobrante del carecer de escrúpulos,
la eucaristía de nuestro tiempo.
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* Este belén es obra de David Montellà Pellicer, mi sobrino pequeño.
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lunes, 23 de diciembre de 2013
martes, 17 de diciembre de 2013
Ciento treinta
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La verdad sólo importa si conviene.
Firmado: Pepito Grillo
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sábado, 14 de diciembre de 2013
viernes, 13 de diciembre de 2013
lunes, 9 de diciembre de 2013
Ciento veintisiete
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El escarnio es algo tan tentador como dejarse llevar por las circunstancias; tan apetecible -cuando menos- como caer en la tentación.
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viernes, 6 de diciembre de 2013
sábado, 30 de noviembre de 2013
Ciento veintiséis
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La virtud natural se cumple en el hombre cuando, ante la ausencia absoluta de virtuosismo, este sigue obrando de acuerdo con su conciencia.
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La virtud natural se cumple en el hombre cuando, ante la ausencia absoluta de virtuosismo, este sigue obrando de acuerdo con su conciencia.
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viernes, 29 de noviembre de 2013
Ciento veinticinco
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Al cabo, todo se reduce a una cuestión de fe.
Mientras tanto, levantamos castillos de naipes desde la razón.
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jueves, 28 de noviembre de 2013
martes, 26 de noviembre de 2013
Ciento veintitrés
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El pasado tiene por costumbre ronronear como un gato bien alimentado; sólo si lo encaras de frente, ruge, araña y duele como el condenado tigre que en realidad es.
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El pasado tiene por costumbre ronronear como un gato bien alimentado; sólo si lo encaras de frente, ruge, araña y duele como el condenado tigre que en realidad es.
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sábado, 23 de noviembre de 2013
viernes, 22 de noviembre de 2013
Ciento veintiuno
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A veces se precisa de cierto autoengaño para convencerse uno de que el mundo merece la pena.
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A veces se precisa de cierto autoengaño para convencerse uno de que el mundo merece la pena.
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martes, 19 de noviembre de 2013
Ciento veinte
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Conviene estar muy despierto mientras se duerme. Ganamos, así, durante el día en agudeza y entendimiento.
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Conviene estar muy despierto mientras se duerme. Ganamos, así, durante el día en agudeza y entendimiento.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
Ciento diecinueve
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Hay veces en que para no traicionar al otro es preciso faltar a la verdad de uno mismo.
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Hay veces en que para no traicionar al otro es preciso faltar a la verdad de uno mismo.
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miércoles, 13 de noviembre de 2013
Ciento dieciocho
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La utopía de tener el corazón en orden y la razón en reposo; la más simple y alta felicidad.
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La utopía de tener el corazón en orden y la razón en reposo; la más simple y alta felicidad.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
Ciento dieciséis
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Nuestra casa por dentro es nuestra propia desnudez: ella sola nos muestra a los demás sin ropajes.
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Nuestra casa por dentro es nuestra propia desnudez: ella sola nos muestra a los demás sin ropajes.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
Ciento quince
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A caballo entre cierta felicidad estricta y la desgracia previsible que va licuando el tiempo, nuestra naturaleza avanza pletórica y triste, viuda alegre de cuanto fuimos, amante despechada de cuanto no seremos jamás; Extraña Anhelante.
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A caballo entre cierta felicidad estricta y la desgracia previsible que va licuando el tiempo, nuestra naturaleza avanza pletórica y triste, viuda alegre de cuanto fuimos, amante despechada de cuanto no seremos jamás; Extraña Anhelante.
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domingo, 3 de noviembre de 2013
Ciento catorce
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Hay quien disfruta con el mal: haciéndolo, cortejándolo, envaneciéndose por él, dentro de él, a través suyo. Como si el mal no fuera el bien de los más estúpidos: aquellos que lo son por vocación, por convicción, porque les da la santa gana. Como si alguna vez hubiera sido -ese mal dichoso- otra cosa distinta, de naturaleza menos engañosa de tan puro. Como si ese mal bendito, junto con todas las maldades sucedáneas que lo circundan, hubiera dejado de ser alguna maldita vez el cielo voraz de los engreídos.
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Hay quien disfruta con el mal: haciéndolo, cortejándolo, envaneciéndose por él, dentro de él, a través suyo. Como si el mal no fuera el bien de los más estúpidos: aquellos que lo son por vocación, por convicción, porque les da la santa gana. Como si alguna vez hubiera sido -ese mal dichoso- otra cosa distinta, de naturaleza menos engañosa de tan puro. Como si ese mal bendito, junto con todas las maldades sucedáneas que lo circundan, hubiera dejado de ser alguna maldita vez el cielo voraz de los engreídos.
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jueves, 31 de octubre de 2013
Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología (1980-2012). Ed. de José Ramón González
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La riqueza del aforismo
Varias son las razones por las que esta compilación de aforismos me parece un volumen imprescindible para todos aquellos interesados no sólo en el género, sino en general en la literatura. Acaso la más importante sea que se trata de la primera en España compuesta con criterios rigurosos, pues su editor ha logrado reunir una amplia selección de aforismos de diversa índole perteneciente a 50 autores de distintas generaciones que contaban con al menos un libro publicado, a excepción de Fernando Aramburu y José Luis Argüelles, quienes sin embargo habían visto recogidas sus piezas en alguna revista.
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José Ramón González cifra el despegue y afianzamiento del género en España a partir de los años 80 del pasado siglo, coincidiendo con la aparición de varios libros, fenómeno que irá progresivamente en aumento hasta llegar al siglo XXI, en cuya primera década se produce una eclosión de ediciones inusitada, lo que da cuenta de la buena salud de que goza en la actualidad. Desde entonces, editoriales como Pre-textos, Renacimiento o Cuadernos del Vigía le han dedicado una atención creciente, y en este contexto cabe entender que la editorial Trea haya decidido publicarlo en su colección de poesía, un género que no le es ajeno.
José Ramón González cifra el despegue y afianzamiento del género en España a partir de los años 80 del pasado siglo, coincidiendo con la aparición de varios libros, fenómeno que irá progresivamente en aumento hasta llegar al siglo XXI, en cuya primera década se produce una eclosión de ediciones inusitada, lo que da cuenta de la buena salud de que goza en la actualidad. Desde entonces, editoriales como Pre-textos, Renacimiento o Cuadernos del Vigía le han dedicado una atención creciente, y en este contexto cabe entender que la editorial Trea haya decidido publicarlo en su colección de poesía, un género que no le es ajeno.
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En un prólogo erudito y utilísimo para todo tipo de lectores, y en especial para los no avezados en la materia, el autor no sólo nos brinda un acercamiento a su historia y genealogía, de donde concluye que el aforismo actual es primo hermano de la máxima y de la sentencia, sus antecedentes más ilustres, sino que señala su condición ecléctica al orbitar en torno de los polos fundamentales de la filosofía y la poesía. Asimismo, propone los siguientes rasgos distintivos: «a) máxima condensación verbal (sintáctica y léxica), b) máxima apertura semántica y c) máxima capacidad expansiva y proyectiva (lo que apunta a la experiencia de lectura)»; todos ellos extensibles a otras formas breves como el microrrelato, al margen de que el aforismo no suela poseer componentes narrativos.
Otras características propias de su cultivo moderno son el carácter subjetivo, epifánico y fragmentario del género, al ofrecer un pensamiento exento y a la vez inabarcable cuyo significado se completa necesariamente con la participación del lector; o bien su condición paradójica y a menudo irónica, además de su empeño por connotar de forma abierta, sustentado en cierta imprecisión o ambigüedad polisémica, a partir del empleo de tropos tales como la metáfora, la metonimia o la sinécdoque. El editor reconoce también que ha apostado por un tipo de aforismo de determinada extensión, sin que cupiera confundirlo con otras prácticas cercanas; así, por ejemplo, anotaciones, reflexiones, opiniones y comentarios.
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Pensar por lo breve recoge, en fin, una muestra generosa y representativa de aforismos elocuentes y brillantes a un tiempo. Escritores apreciados, la mayoría fallecidos, como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Antonio Fernández Molina, Cristóbal Serra, Carlos Pujol, Rafael Pérez Estrada, Rafael Sánchez Ferlosio o la certera Dionisia García conviven con Rafael Argullol, Andrés Trapiello, Manuel Neila, Ramón Eder, Miguel Ángel Arcas, Fernando Aramburu, Carlos Marzal o Mario Pérez Antolín, y éstos, a su vez, con los aún más jóvenes Juan Varo, Andrés Neuman o Erika Martínez, entre otros posibles. Alguno de ellos ha querido singularizar sus piezas, proporcionándoles una nueva denominación: aerolitos (Ory), nótulas (Serra), aflorismos (Castilla del Pino), aforemas (Arcas) o electrones (Marzal). Pero lo importante es que ninguno de los autores antologados desmerece ni desentona en el conjunto. Todos dialogan consigo y con los demás en esta antología ordenada cronológicamente, aunque podamos leerla a nuestro antojo. El género nos lo permite. «Amemos el silencio, y algo se oirá», aconseja Dionisia García. Tal vez sea el mejor modo de acercarnos al secreto de esta polifonía de voces.
domingo, 27 de octubre de 2013
Ciento trece
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Hay quien se siente muy a gusto enfundado en su disfraz de Matón de Patio de Colegio. A esta especie no suele importarle lo más mínimo que se le vean todas las costuras. Se les reconoce fácilmente porque prefieren el desplante y la chulería al diálogo. De igual modo, aman la sospecha y la inquina en la misma medida en que desprecian la buena fe, cualquier atisbo de inocencia. Acostumbran a dejar un rastro de azufre al hablar.
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Hay quien se siente muy a gusto enfundado en su disfraz de Matón de Patio de Colegio. A esta especie no suele importarle lo más mínimo que se le vean todas las costuras. Se les reconoce fácilmente porque prefieren el desplante y la chulería al diálogo. De igual modo, aman la sospecha y la inquina en la misma medida en que desprecian la buena fe, cualquier atisbo de inocencia. Acostumbran a dejar un rastro de azufre al hablar.
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A veces
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Hoy he soñado que mi casa amanecía convertida en un zoo que daba cobijo a una marabunta. A veces resultaba incómodo, y bastante molesto, convivir con tanto bicho maleducado, pues de pronto te asaltaban procedentes de los lugares más inhóspitos; en especial cuando veía pulular por las paredes peludas tarántulas de robustas patas y oscuras pretensiones; toda una osadía. Al despertar, como ocurre a menudo cuando nos embargan las pesadillas más abstrusas, me escocía el brazo por el desliz de una picadura. De camino al baño, un cocodrilo muy simpático me ha dado los buenos días tras haberse zampado una perdiz a modo de desayuno. Esta vez su atrevimiento me ha reconfortado.
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Hoy he soñado que mi casa amanecía convertida en un zoo que daba cobijo a una marabunta. A veces resultaba incómodo, y bastante molesto, convivir con tanto bicho maleducado, pues de pronto te asaltaban procedentes de los lugares más inhóspitos; en especial cuando veía pulular por las paredes peludas tarántulas de robustas patas y oscuras pretensiones; toda una osadía. Al despertar, como ocurre a menudo cuando nos embargan las pesadillas más abstrusas, me escocía el brazo por el desliz de una picadura. De camino al baño, un cocodrilo muy simpático me ha dado los buenos días tras haberse zampado una perdiz a modo de desayuno. Esta vez su atrevimiento me ha reconfortado.
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viernes, 25 de octubre de 2013
Ciento doce
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Amemos el silencio, y algo se oirá.
Dionisia García
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En el silencio oímos, amplificada, la pauta de la escucha.
..jueves, 17 de octubre de 2013
A la medida del olvido
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La naturaleza agoniza en nuestro ser hasta pudrirnos, lo vengo comprobando. Veinticinco años atrás yo era pelirroja, por ejemplo, aunque ahora apenas si conserve algunos reflejos rojizos.
Lo mismo cabe decir de quienes fuimos, de nuestros recuerdos súbitamente ovillados por el tiempo: casi por descuido, sueños y deseos se enmarañaron, falseándonos sin tino. Y la persona que creímos ser tuvo que disolverse en favor de esta versión extraña por la que hoy nos desvivimos. Inventamos un pasado a la medida de nuestro olvido.
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La naturaleza agoniza en nuestro ser hasta pudrirnos, lo vengo comprobando. Veinticinco años atrás yo era pelirroja, por ejemplo, aunque ahora apenas si conserve algunos reflejos rojizos.
Lo mismo cabe decir de quienes fuimos, de nuestros recuerdos súbitamente ovillados por el tiempo: casi por descuido, sueños y deseos se enmarañaron, falseándonos sin tino. Y la persona que creímos ser tuvo que disolverse en favor de esta versión extraña por la que hoy nos desvivimos. Inventamos un pasado a la medida de nuestro olvido.
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lunes, 14 de octubre de 2013
Eso era (y seguirá siendo)
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Primero te asaltaba una fuerte impresión de belleza, luego el vértigo y, casi de inmediato, el dolor, que se extendía hasta hacer diana. A partir de entonces estaba en boca de todos: eras pasto de las llamas.
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Primero te asaltaba una fuerte impresión de belleza, luego el vértigo y, casi de inmediato, el dolor, que se extendía hasta hacer diana. A partir de entonces estaba en boca de todos: eras pasto de las llamas.
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lunes, 7 de octubre de 2013
Sábanas de hilo
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¿Son las máscaras el escudo del alma? Es probable. ¿Qué hacer cuando llevas tiempo escribiendo en un largo pergamino de hojas doradas y de pronto se te acaba el rollo? Quiero decir: ¿qué haces entonces con tu vida? Yo me encuentro ante un dilema parecido. Desde hace unos meses, duermo sobre un colchón de sábanas acartonadas donde acuno mis sueños con avaricia, temiendo que se disipen, que se disuelvan en un limbo turbio. Para resistir un poco me he rodeado de cosas y pensamientos mullidos: de ese colchón, por ejemplo, pero también de una almohada de plumas, un cojín con pompones, una alfombra persa, y de un buen pliego de sábanas de hilo bañadas en suavizante, aunque los días terminen acartonándose de todos modos. Escribir mientras vives no me ha costado nunca verdadero esfuerzo. Pero ahora la situación es tan otra: ahora, de hecho, desde hace apenas unas semanas trato de vivir mientras escribo; cambiaron las tornas de golpe: nada resulta más difícil.
Así que cuando hube terminado el pergamino decidí seguir escribiendo en sábanas de hilo, aunque enseguida tuve que dejarlo: por extraño que parezca se habían vuelto rígidas como lona gruesa. Entonces me he recostado en el suelo sobre varios almohadones y me he propuesto continuar en la alfombra, a sabiendas de que su textura podía resultar menos propicia. Pronto he descubierto que si reseguía el contorno del dibujo, mi vida se emborronaba levemente. Al final su naturaleza simpática ha dado en revelar mi destino: vivir tumbada en una alfombra persa no garantiza ningún cumplimiento, sueño alguno.
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¿Son las máscaras el escudo del alma? Es probable. ¿Qué hacer cuando llevas tiempo escribiendo en un largo pergamino de hojas doradas y de pronto se te acaba el rollo? Quiero decir: ¿qué haces entonces con tu vida? Yo me encuentro ante un dilema parecido. Desde hace unos meses, duermo sobre un colchón de sábanas acartonadas donde acuno mis sueños con avaricia, temiendo que se disipen, que se disuelvan en un limbo turbio. Para resistir un poco me he rodeado de cosas y pensamientos mullidos: de ese colchón, por ejemplo, pero también de una almohada de plumas, un cojín con pompones, una alfombra persa, y de un buen pliego de sábanas de hilo bañadas en suavizante, aunque los días terminen acartonándose de todos modos. Escribir mientras vives no me ha costado nunca verdadero esfuerzo. Pero ahora la situación es tan otra: ahora, de hecho, desde hace apenas unas semanas trato de vivir mientras escribo; cambiaron las tornas de golpe: nada resulta más difícil.
Así que cuando hube terminado el pergamino decidí seguir escribiendo en sábanas de hilo, aunque enseguida tuve que dejarlo: por extraño que parezca se habían vuelto rígidas como lona gruesa. Entonces me he recostado en el suelo sobre varios almohadones y me he propuesto continuar en la alfombra, a sabiendas de que su textura podía resultar menos propicia. Pronto he descubierto que si reseguía el contorno del dibujo, mi vida se emborronaba levemente. Al final su naturaleza simpática ha dado en revelar mi destino: vivir tumbada en una alfombra persa no garantiza ningún cumplimiento, sueño alguno.
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sábado, 5 de octubre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"