martes, 6 de octubre de 2015

Doscientos noventa y tres

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Me admira la fatuidad de ciertos jóvenes; tan persuadidos de su valía respecto a la ajena, que consideran maltrecha; orgullosamente ufanos de un poder que no les cabe en el cuerpo ni en sus irredentas cabezas. Hambrientos y a la espera. Convencidos de sí mismos por encima de todos, al frente (enfrente) de nadie. 
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"