miércoles, 15 de mayo de 2013

Sesenta y ocho, sesenta y nueve, y setenta

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Nuestras carencias engordan.
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Carecía de sentido del humor y de empatía; es decir, del menor atisbo de humanidad.
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«Carecer o no carecer». Esa es la sinrazón.
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"