domingo, 17 de febrero de 2019

De vuelta en Berlín

Con la sensación irremediable de todos esos atardeceres por venir grabados a fuego en la memoria.


miércoles, 13 de febrero de 2019

miércoles, 6 de febrero de 2019

martes, 29 de enero de 2019

736

La sinrazón de amar
Semejante despropósito; 
tamaño (des)empeño.



domingo, 27 de enero de 2019

viernes, 25 de enero de 2019

jueves, 24 de enero de 2019

Narrativa y pensamiento


«¿Por qué reseñar dos libros de forma conjunta?», podría preguntarse el lector. Más allá de su pertenencia a géneros distintos, creo que se trata de obras que pueden relacionarse, como si ambas llegaran a logros semejantes partiendo de planteamientos diversos. Así, Karlos Linazasoro ha escrito un libro de microrrelatos a partir de 99 estampas vinculadas entre sí cuya característica principal es que están protagonizadas por un personaje común, el náufrago del título, quien se dedica a lo único que puede hacer, aislado como se encuentra: reflexionar sobre lo que le sucede en esa prisión en que se ha convertido la isla mientras espera ansioso un posible rescate que no acaba de llegar. Si acaso, aparte de contarnos unas rutinas producto inevitable de sus circunstancias, la mínima peripecia que nos relata procede de sus recuerdos, de cuando no era un náufrago sino un hombre libre o, al menos, tan libre como el resto de personas con las que se relacionaba cuando vivía en sociedad. Cabe decir que Linazasoro es también aforista, además de poeta, autor de cuentos, novelas cortas y piezas de teatro, algunos de los cuales han sido traducidos al castellano por el autor. Se trata, pues, de un escritor avezado en el cultivo y la experimentación de diversos géneros.


En esta ocasión, parece haber querido construir la historia de este hombre a partir de una suma de microrrelatos que aun sin ser del todo independientes, admiten ser leídos por separado, y ello no sólo desde un punto de vista formal (cada pieza ocupa una página), sino también desde la perspectiva del contenido, ya que el náufrago vive inmerso en un tiempo y un espacio en el que apenas si se producen cambios, lo que redundaría en esta posibilidad de lectura desordenada de las estampas, si bien el libro está compuesto como un conjunto desde su mismo arranque, con una intriga psicológica sostenida a lo largo de toda la narración y una trama mínima, en el que son frecuentes las remisiones entre diferentes piezas (por ejemplo, en la estampa 24, leemos: «cuando vuelva, Versus va a escribir una novela-náufrago» y, poco después, en la 28: «como ha quedado referido en el capítulo 6») por parte de un narrador omnisciente burlón que hace las veces del coro griego. Así pues, ¿libro de microrrelatos o bien novela compuesta por acumulación de escenas que aquí se presentan como si fueran estampas independientes? A mi juicio, el volumen podría considerarse un ciclo de microrrelatos, aun cuando emplee recursos propios de varios géneros, procedentes tanto de la novela (en su mención engañosa a los capítulos-estampa) como también del microrrelato (en ese uso independiente de las estampas), por no hablar de que las distintas historias protagonizadas por Versus se disfracen a menudo con los ropajes del poema en prosa, característica nada rara en el microrrelato, siendo a la postre un libro de corte reflexivo, de factura metafísica, a pesar del humor que contiene. En cierto modo, resulta irónico que sean el género narrativo más extenso (la novela) y breve (el microrrelato) los que acaben aportando una serie de rasgos complementarios para seducir al lector. Por lo demás, no son pocos los episodios (que no capítulos, pues ya hemos dicho que el narrador se vale de un tono burlón) en donde aparecen engastados aforismos perfectamente desgajables: «la belleza no embellece nada si en la raíz de la mirada todo es fealdad o desolación o desprecio» (p. 19), «El ser no es nada si no tiene seres a su alrededor» (p. 26), etc., siendo así que las definiciones aforísticas que se reparten por el libro poseen la belleza, el acierto y la sencillez de los juegos de palabras más hábiles.

Ya en la pieza prólogo, Linazasoro rinde homenaje al insigne escritor de microrrelatos Isidoro Blaisten, a su vez, novelista, ensayista y cuentista, lo que podemos tomar como otra pista (o despiste) más de este narrador burlesco. A fin de cuentas, a lo largo de este ciclo de microrrelatos disfrazado de novela también trae a colación a una serie de pensadores no menos insignes: Séneca, Pascal y Schopenhauer, entre otros. En definitiva, según se dice en la estampa 52, a Versus, el náufrago protagonista, le encantan las paradojas, que no faltan precisamente en el libro, por ser éstas «una mirilla para ver el mundo al revés, desde donde todo se ve como es: unas veces cabeza arriba y otras, en cambio, cabeza abajo». El volumen está editado con el gusto y buen hacer que caracterizan al sello editorial Jekyll & Jill.


¿Y qué decir del enigmático librito de Pere Saborit, Los colores de la paradoja? El autor tiene en su haber varios ensayos, libros de cuentos y aforismos en catalán y en español, de modo que también él está versado en el cultivo de distintas formas genéricas. Dispuestas las diferentes piezas en forma de dietario para mejor abarcar el período comprendido entre el 2007 y el 2016, un narrador omnisciente habla de lo humano y lo divino en boca de X, un personaje innominado que podría ser cualquiera, pero que en este caso tiene mucho del propio autor. «Inicialmente, a X. le atrajo la idea de realizar un seguimiento exhaustivo de las peripecias de algún individuo, identificándose por completo con sus sueños e inquietudes, hasta que se dio cuenta de que de hecho esto es lo que ya estaba haciendo al vivir su propia vida», leemos (p. 96). Todas las piezas que forman parte de este volumen tienen una extensión semejante, por lo que no se trata en sentido estricto de aforismos, sino de fragmentos reflexivos. Algunos hay de apenas dos líneas: «A veces, X. se sentía como el único miembro de una sociedad secreta ─esto es, como un individuo secreto» (p. 31), «A X. le caían peor los poetas de uniforme que los policías de paisano» (p. 56), o bien: «Cada acción se inventa sus extremos a fin de aparecer como un término medio sensato, según X.» (p. 122), pero son los menos. 

En cambio, resulta recurrente, en casi todos ellos, la especificación según X. en algún momento de la pieza, lo que le sirve al autor de término de comparación y de contrapunto a lo expresado, ahondando así en el sentido paradójico del fragmento, señalado ya en el propio título. Por lo demás, la datación se me antoja anecdótica, pues no considero que aporte un contenido extra más allá de asignar cada apunte a una fecha concreta. En cualquier caso, formaría parte del envoltorio ficticio con el que su autor ha decidido rodear sus reflexiones, sirviéndose de los recursos de la ficción. En suma, mientras Versus se encuadraría en un ciclo de microrrelatos que no duda en barajar narración, poesía y pensamiento, el innominado X. se envuelve ─como precisamos─ en los ropajes formales de la ficción para poder reflexionar por extenso más allá de los límites sucintos del género aforístico, sin importarle contradecirse o desdecirse en su argumentación cuando lo necesita, para mejor decir. Dos propuestas a caballo entre la narrativa (Karlos Linazasoro) y el pensamiento (Pere Saborit) que, barajando recursos de géneros diferentes si bien complementarios (del microrrelato y del aforismo, sobre todo), alcanzan sobrada calidad y hondura literarias, más allá de su audacia estética.




*Esta reseña doble ha sido publicada en el número 421 de la revista de literatura Quimera, correspondiente al mes de enero del 2019.


miércoles, 23 de enero de 2019

lunes, 21 de enero de 2019

El escritor (a)moroso

Se detiene después de cada punto, ya no digamos tras cada coma. Se detiene y piensa. O deja de escribir por aquello de alentar en el lector las expectativas debidas. Es un amor de escritor fraguando tramas, abriendo puertas ciegas, alentando a sus personajes a la acción. En su afán de excelencia, se ha convertido en escritor moroso con deseo y vocación.

jueves, 17 de enero de 2019

miércoles, 16 de enero de 2019

730

Internet o la nostalgia amplificada de dar rienda suelta al amor propio y ajeno, con el fin de desinhibirnos.



viernes, 11 de enero de 2019

729


¿Amenizar la espera? En ocasiones, se trata más bien de "amenizar la desesperación".


martes, 8 de enero de 2019

LAS HORAS (FR)ÁGILES

El rescate de unas manos audaces. La felicidad a la vuelta de la esquina. Los días que vuelan (fr)ágiles. Con charlas interminables a cualquier hora. Con mensajes que no satisfacen del todo. Aunque tampoco lo harían si durasen siglos. Y épocas de euforia seguidas por otras menos jubilosas (más juiciosas sin embargo). Marcadas por deseos en espera. Y esperanzas a raudales. Con escaso seso y mucho sexo. O al revés, según épocas y humores. Y la vida pasando entre tanto. De largo y de corto -sin estrecheces que valgan ni monsergas- por el ancho mundo. Dando largas cuando así lo quiere. En jaque siempre; escandalosa.






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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"