De sombra fugitiva, el tentetieso aspira a mantenerse en pie toda la vida, sin que le tiemble el pulso o pierda en un desliz absurdo el frágil equilibrio que ostenta. Nada le importa en el fondo, ya no digamos en la forma: la belleza no lo altera. Le trae al fresco que la realidad se erosione hasta desangrarse, o que la gente naufrague en silencio, sin apenas vergüenza. A él lo mueve una única pasión: tenerse en pie por tierra mar y aire mientras los demás se quiebran formando esquirlas, o se estrellan por el gusto de levantar polvaredas. Seguir ahí por los siglos de los siglos, sin otro empeño amén que lo envanezca.
* La acuarela es de Lola Valls.
Lo que ocurre es que su empeño, en el fondo, es estéril. Está condenado a permanecer en equilibrio siempre, aunque no quiera.
ResponderEliminarA muchas personas les (¿nos?) ocurre lo mismo. Y es agotadora esa inutilidad del esfuerzo.
Un abrazo bien grande, meine Liebste.
Este retrato me ha hecho pensar en tanta gente que conozco, Gemma.
ResponderEliminarDestacable la ironía crítica que nos regalas envuelta en una prosa medida, ajustada y -a la vez- exquisita.
Un abrazo,
No se puede describir mejor a este elemento que nadie consigue dejar tumbado.
ResponderEliminarBesos
Muy bien descrito, con un equilibrio magistral. Si se dejara caer notaría que se aprende y se vive mucho más cayendo que en equilibrio. Pero cada uno tiene su papel en la vida.
ResponderEliminarUn abrazo
Me gustan la acuarela el texto y los dos juntos.
ResponderEliminarCreo que todos hemos sido tentetieso en algún momento, y hay quien en todo momento... Es agotador.
Abrazo y feliz Pascua.
Freia, Pedro, Isabel, Anita y Rosana, gracias a todos por vuestros amables comentarios.
ResponderEliminarAbrazos
Distinguiría bien entre el que es derribado y se levanta (el humano, es decir el héroe), y el tentetieso, al que solo le asiste la voluntad de estar por encima, utilizando como bola de sustentación a los humanos que pisotea.
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