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Noche cerrada. En el aparador de una librería de viejo, una cabeza de madera dispuesta sobre una mesilla de cristal exhibe su calvicie rotunda en un delicado equilibrio de tres patas herrumbrosas. A estas horas de la madrugada, pocos transeúntes circulan ya por la ciudad. La cabeza dialoga, ensimismada, con sus pensamientos. El dramaturgo, un servidor, reproduce el siguiente fragmento in medias res.
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CABEZA DE MADERA: ¿Qué se hizo de los antiguos sastres, de las mercerías, de las boticas? ¿Qué de los aparadores lustrosos, de las grandes avenidas señoriales, de los paseos? ¿Adónde fue a parar todo ese frufrú de telas distinguidas, de sombreros de copa, de fieltro, de raso; todo cuanto se me antoja hoy amarga desazón de mi existir? ¿Quién fue el sinvergüenza, el culpable, de que acabara mis días aquí encerrado, condenado en vida dentro de esta gruta oscura que se finge librería de viejo; una cueva, ésta, tan desapacible y deshabitada que más parece nido de polvo y de ácaros fieros que solaz de espíritus en flor? ¿Por qué tengo que languidecer en este palacio de termitas del tamaño de un gorrión?
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Nunca nadie, ni siquiera los empleados más antiguos de la tienda, había alcanzado a escuchar jamás lloros tan sentidos y lastimeros como aquéllos. Hasta yo mismo me siento conmovido... A decir verdad, ¿tanto esfuerzo le costaba al dueño del local cubrirle la cabeza al pobre, concederle un poco de calor? ¿Acaso no se dio cuenta de que él mismo, en pocos años, iba a ser objeto de parecido desdén? ¿Tan ciego está? ¿Es que ya no quedan autores de buen corazón?
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Que bien escribes nenita !
ResponderEliminarPobre cabeza sola, fría y calva en medio de todo esto, dejemosla con sus pensamientos y sus lloros,lástima que sea de madera, no se va a romper nunca.
Tu escritor primero habla en primera persona. Después, en vez sentir como casi siempre la indecisión, la angustia, la desazón en carne propia ha decidido hacérselas sentir al objeto encontrado a su paso. Cometida la acción, se desmarca. El narrador se separa del escritor como si nunca se hubiesen aliado para hacer sufrir a algo, como premonición del propio sufrimiento.
ResponderEliminarPD Unas tiendas con unos escaparates muy raros hay en tu barrio berlinés meine Zaubererin
Y su mirada buscando la "Estrella del Norte"... no se ha dado cuenta que la tiene cerca, pero no donde la busca...
ResponderEliminarHermoso y triste relato, a la vez...
Una abraçada Mega.
Me encanta esa cabeza. Me encanta el texto. Yo quiero escribir así cuando sea mayorrr.
ResponderEliminarBesitos, Mega.
El desgarro emocional de alguien que suplica bajo la influencia kafkiana tomeodiana.Muy bueno.Un nuevo ejercício de superación personal.
ResponderEliminarYo le colocaría encima de la cabeza algo de Baudelaire. Quizá se sintiera más abrigado y protegido.
ResponderEliminarEn Nuremberg existe un hacedor de sombreros que tal vez le pueda interesar al autor visitar, sin embargo, no encontrará cabezas suficientes para la variedad de modelos. No siempre se encuentra una cabeza que dignifique a un sombrero.
ResponderEliminarUn abrazo sin sombrero.
Sergio Astorga
*tus textos-sueños me motivan. Gracias
Mucho tiempo ha debido estar olvidada en un rincón oscuro esa cabeza para no darse cuenta que salvo en escasos lugares todo lo que añora ha sido sustituido por la modernidad.
ResponderEliminarUno de esos lugares es la calle Oranientrabe en pleno barrio turco de Berlin, donde todavía existen tiendas de objetos antiguo.
Salud, República y Socialismo
Poniéndome al día con tus relatos...
ResponderEliminarMe encantaron los experimentos con el tiempo, esa lucha de los pasados pesados, los presentes fugaces y los futuros apremiantes. Muy buenos.
(Reverencias reiteradas)
pd.- no hay que fiarse nunca, nunca de los autores, siempre inventando, engañando, haciendo de la realidad literatura...
besotes
Maria Eugènia, en efecto, esta cabeza pensante posee la dureza y resistencia de la madera maciza, pobrecilla... Una abraçada
ResponderEliminarFreia, hasta tal punto son extraños (e inquietantes) los escaparates de nuestro barrio (Shöneberg), que una tarde me decidí a salir, cámara en ristre, a la caza de maravillas. Besos
PD: Chapó como siempre.
Selma, jaja, ¡qué ojo tienes! Llevas razón: el libro (Nordstern) subrayaría -más si cabe- el dramatismo de la escena. Abraçades
Augusta, y yo tener el culturón de lecturas que tienes tú, como se echa de ver en casa de tu augusto padre. ;-P
Besazo
Jesús, ¡justo! Para mí ese desgarro que se desprende de la literatura de ambos resulta tan certero. Un abrazo
Manuel, jaja. Y ya puestos, si te parece bien, le podemos colocar también una bufandita. Abrazos
Sergio, una gorra como la que luce tu cabeza le iría pero que muy bien para hacer frente a estas inclemencias germanas.
*Ya he visto que eres pintor surreal, además de poeta. ;-)
Un abrazo
Antonio, sí, la conozco. Precisamente, en la Oranienstrasse existe una panadería árabe (que frecuento) en donde hacen los pasteles de coco más buenos del mundo mundial. Besos
Marina, jaja. No hay que fiarse, no. Como apuntas, siempre andan liando y disfrazando las cosas, efectivamente. ;-D
Besos
y si la cabeza de arlequín, a lomos de su zapatilla azul fuera hasta la librería de viejo y se encontrara con el descabezado? ¿de qué hablarían? ¿de como los maniquíes dejaron de tener rostro? ¿de la vida al otro lado del escaparate? ¿de la mirada de ese escritor-narrador que observa?
ResponderEliminarun abrazo
Jajaja, María. Tamaña ocurrencia daría sin duda para un nuevo micro. Supongo que reinvindicarían la extraña humanidad que son capaces de transmitir un par de cabezas cercenadas en mitad de sobrios escaparates...
ResponderEliminarBesos volantes
PS: Seguro que se llevarían bien. ;-)
Estos ejercicios que realizas a partir de las imágenes que captas en tu barrio resultan de lo más sugerentes. Está bien que haya quien vea en una cabeza decapitada de maniquí cualquier cosa menos una cabeza decapitada de maniquí.
ResponderEliminarPor cierto, extraña costumbre de tu barrio, la de exponer cabezas en los escaparates.
Abrazos.
Viajero, muy extraña, desde luego. Todavía existen por el barrio algunas cabezas más que tengo pendiente fotografiar... Cualquier excusa (una cita, una imagen, un fragmento literario, etc.) me parece buena como arranque para un micro.
ResponderEliminar;-)
Abrazos de vuelta