lunes, 30 de mayo de 2011

Dos veces distintas



Cuando el espejo se empeñe en ofrecerte dos veces tu mismo rostro, no le creas. Por mucho que insista en que no miente, ten por cierto que inventa.





* La imagen es de Abel Murcia y procede de su blog de traducción y fotografía, Al trasluz.

12 comentarios:

  1. Muy bueno, Gemma, me encanta.
    Hasta el espejo miente, mejor mirarse hacia dentro. ¿no?

    ABRAZOS

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  2. No estoy muy segura de lo que me dice esta entrada.
    Me ha recordado los antiguos armarios de lavabo con puertas de espejo donde mi tía, laca en mano, perfeccionaba su peinado y comprobaba la perfección del moño que se reflejaba en los laterales. Luego se ponía un juego de esclavas tintineante y un buen perfume. Quizá la mentira fuera el resultado de toda esta parada nupcial.
    No sé, pero es bonito y sugerente loq ue escribes.

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  3. Si tengo por cierto que inventa, sus ojos me lo dirán... En cuyo caso... ¿también me estaré engañando?

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  4. Quizá somos nosotros los que inventamos cuando nos reflejamos en el espejo. De repente nos gusta crear otra vida con otras sensaciones para ese rostro que vemos reflejado y que no termina de convencernos. Pero claro, nos conocemos tan bien... que aunque inventemos y soñemos siempre aparece ese rasgo, esa mirada, esa sombra que nos proyecta tal y como somos. Los engaños y la vanidad de inventarnos duran sólo un breve tiempo.
    Bonito dilema.
    Saludos

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  5. Una vez me dijo mi abuela que la distancia entre un dedo, apoyado en un espejo, y su reflejo, es la profundidad del mismo.
    A veces, veo en la tele a gente que se toca la frente con la punta del dedo. Y aparto la mirada.

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  6. Gemma, el uno y el otro son proyecciones, abyecciones e inyecciones de la imagen. La credivilidad es binaria: o sí o no.
    El ojo que mira siempre tiene el engaño como razón o, como la razón es engaño los ojos que miran tienen derecho de replica.

    Desde la ventana en su reflejo un abrazo bipolar.
    Sergio Astorga

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  7. Quizás seamos nosotros el reflejo del espejo y dudemos de la realidad que en él vemos. Esta entrada me ha recordado unas palabras de Antonio Machado:

    El ojo que ves no es
    ojo porque tú lo veas;
    es ojo porque te ve.

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  8. Isabel, mejor sí... :-) Abrazos

    Susana, en casa de mis abuelos paternos también había un armario con espejos de tres cuerpos... También quería expresar la paradoja de que la superficie del espejo tenga que reflejar el fluir del tiempo, tan resbaladizo él... Un abrazo!

    Alberto, seguro que sí. Lo necesitamos para enfrentar cada mañana nuestra imagen... :-)
    Otro abrazo

    Ada buena, yo para verme bien necesito reinventarme cada tanto. Supongo que nos ocurre a todos en mayor o menor medida... Abrazos

    Gabriel, qué abuela más perspicaz. Va a resultar ahora que nos vemos proyectados hacia dentro más de lo que quisiéramos reconocer... Un abrazo
    PS: ¿Deja Vu? (lo de apartar la mirada)

    Sergio, "el ojo que mira siempre tiene el engaño como razón, y como la razón es engaño" yo te replico que no. :-)
    Y qué aforismos tan buenos te salen... Deberías cultivarlos más...
    Un abrazo de esos compatibles

    Isabel, ¿las dos? ¿Ninguna? A saber... Un abrazo!

    Hereje, desde luego el espejo nos mira tan hondo que a veces cuesta demasiado no temerlo... Un abrazo y sé bienvenido.

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  9. Gemma, me gustan las replicas porque en ellas se encuentran las dudas y muy pocas veces las verdades.

    Un abrazo si replica 100% compatible con los aforismos.
    Sergio Astorga

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  10. Los espejos son unos presumidos que dicen "¡mira lo que sé hacer!" en cuanto les pones algo delante.

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  11. Jajaja, Nano: Está muy bien eso de que sean los espejos los presumidos. No se me habría ocurrido nunca. :-))

    (Y nosotros solo ese algo que sirve a sus misteriosos fines y presunciones)...

    (Y ya me callo...)

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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"