jueves, 21 de mayo de 2020

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Hay humorada en la fina ironía, burla inteligente o mordaz en la parodia, sarcasmo y crueldad en la sátira y un deje de acritud o de resentimiento en el humor negro, por no hablar de las buenas dosis de disparate, desahogo y sinrazón que contiene el humor absurdo, o del mal gusto y la extravagancia propios de la versión más grotesca que carece de escrúpulos y de sentido del ridículo: todo un catálogo de estad(i)os humanos -a cuál más disfuncional- que sin duda consideramos cultura, parte indisociable de nuestra civilización.
Y luego está la carcajada estentórea del bromista.


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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"