sábado, 7 de enero de 2017

Trescientos noventa y seis

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Lo contrario del deseo es el desaire; la desafección. Y, sin embargo, al desestimar algo querido un poso huérfano de afecto se nos queda dentro. 
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"