domingo, 1 de marzo de 2009

Encadenamiento

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En el instante mismo en que su conciencia se libere del ruido circundante y, sobre todo, de la tristeza que la atenaza, le parece que va a poder hacerlo, que acaso logrará escapar. Así que cierra los ojos de nuevo y se concentra en esa idea fija y la amasa a conciencia hasta la obsesión, convirtiéndola en una plegaria, en alimento. Nunca más bofetadas, nunca más insultos, ni desdenes, ni desprecios, ni humillaciones.
-Nunca, nunca más.
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Enfurruñada, la anciana cabecea y da palmadas en el aire para alejar de sí el peso de un cuerpo ajeno.
-Nunca más, te digo. No quiero.
Y entre tanto llora y patalea en vano, como siempre.
La conciencia es así de caprichosa: traslada a los más débiles al vacío para que agonicen a sus anchas, despacito, con todo el tiempo del mundo por delante. Aquella sombra insiste en no dejarla en paz.
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14 comentarios:

  1. Sabia reflexión, el más fuerte siempre se aprovecha del más débil
    engulléndolo hasta dejar solo apenas el rastro de sí mismo.Abrazo.

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  2. Terrible, Mega. Cuánto miedo encadenado.
    Magnífico.
    Abrazo.

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  3. Estamos vigilantes en perseguir la violencia de genero y nos olvidamos esa otra indecente violencia que es la que se ejerce contra los ancianos, tan indefensos o más que las propias mujeres.
    Salud, República y Socialismo

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  4. Otra forma de abismo para el anciano: la conciencia. Magníficas estas palabras: "La conciencia es así de caprichosa: traslada a los más débiles al vacío para que agonicen a sus anchas". Besos.

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  5. Pues sí, la violencia y el nunca más parece que van de la mano. Pero, desgraciadamente lo segundo se quema en el fuego de la primera, en la mayoría de las veces. Y así seguimos...

    Salud y República

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  6. (también aterra un poco esa portadilla-poema, tan sola, ¿qué significa?)

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  7. Bambú, tras la pesadilla vivida, la pesadilla del recuerdo. Una herida que siempre supura.

    Izaskun, detrás de esta historia cruenta, quería dejar constancia de la indefensión absoluta en que se hallan los más débiles. De su dolor estirado, alargado, en el tiempo, hasta llegar a disiparlo.

    Antonio, la senilidad y la vejez extremas son el territorio de la indefensión máxima, de la máxima fragilidad, en efecto.

    Nán, la foto corresponde al Cabaret Voltaire, ubicado en Zurich. Sus paredes vieron nacer al movimiento Dadá, entre 1916-1920. Me parece que los collage de la pared son nada menos que de
    Hannah Höch... Marco aparte, la foto pretendía provocar cierto desasosiego. Veo que lo conseguí. ;-)

    Abrazos

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  8. El territorio de la indefensión es territorio Comanche, con todo el tiempo del mundo por delante. La indefensión no sabe pensar en el muro terrible, pero defensivo, del final.
    Eficaz de verdad este texto, la tortura del más débil a manos de lo ingobernable: la conciencia.

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  9. Gracias, Olga. La conciencia es un reproductor de imágenes terrible, ingobernable, como bien dices. Y si, encima, lo recordado es un tormento, se convierte entonces en una fuerza capaz de dilapidar de un plumazo no sólo la identidad sino al individuo mismo, diezmándolo, reduciéndolo a su enfermedad (mientras el tiempo deviene en un mar de tinieblas.) Un gran abrazo

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  10. Muy duro este relato, en la medida en que alude a una enfermedad terrible... La has contado con gran acierto y efectividad. Un abrazo, querida mega.

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  11. Isabel, me alegro de que te haya gustado. Es que la conciencia es un arma de doble filo... casi siempre. Un abrazo fuerte

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  12. No sé porqué pero al leer tu texto (muy bueno, por cierto) me he acordado de Rubianes interpretando a aquel personaje que iba a matar a una viejecita y no se decidía entre la cuerda, el puñal o la pistola.Al final, se le aparecía una especie de alter ego y él exclamaba al verlo aquello de: Ondia, la consiensia. Pobre Rubianes, me caía bien.

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  13. Araceli, a mí también. Era un hombre de muchísimo talento. Yo le vi representar en el Club Capitol de Barcelona, "Lorca eran todos", y su montaje resultó tan certero que lograba que se te saltaran las lágrimas de emoción. Llorabas y reías a partes iguales. Beso

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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"