lunes, 17 de septiembre de 2012

Cuarenta

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Para ser hay que dolerse.
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* La foto es de Juan Yanes y se titula "Luminiscencia".
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11 comentarios:

  1. Cierto, terriblemente cierto, y en ese dolor nos encontramos, nos superamos y morimos.
    Saludos

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  2. Y nacemos para ser de nuevo. O por primera vez. Un abrazo

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  3. Pues hoy sí que no, Gemma.

    Dolerse es la mejor forma de dejar de ser.

    Un abrazo,

    P.D. Formidable la foto del maestro Yanez.

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  4. Pedro, yo lo decía por aquello de que a veces la conciencia duele, pero vale, acepto que (hoy) disientas. :-)
    Otro abrazo para ti

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  5. Me inquieta su contrario, la ausencia de dolor que es el no-ser. Toda una teoría dramática de la felicidad. Abrazos.

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  6. Pues yo creo que la felicidad fundada en ese conocimiento, en ese "nacer para ser de nuevo" (aunque no "por primera vez"), es más humana. Hay un poema precioso de Emily Dickinson "El agua se aprende por la sed...." (Water is taught by thirst...).
    un abrazo

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  7. Gemma, el dolor de ser ilumina los dias porvenir.

    Abrazo sin dolor.

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  8. Me rebota y me rebota esa frase en la cabeza. Un beso, Gremma.

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  9. Y supongo que al ser más aumentarán las luminiscencias y al traspasar dolerán...

    ¡Uf! No estoy yo después de una siesta para mucha filosofía. Me gusta mucho más el sentimiento que despredes al leerte y la convicción del dolor siendo.

    Abrazos.

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  10. Agus, María, Sergio, Esteban-Daniel e Isabel, gracias por comentar.

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  11. Siempre llego tarde a todos los sitios. Gracias Gemma por la foto. Esas se sacan moviento la cámara, de noche o al oscurecer. Después la pones en blanco y negro y le subes el negro. Salen cosas sorprendentes. Yo soy de los que creo que la experiencia del dolor nos hace verdaderamente humanos. Nos hace tomar conciencia de nuestro cuerpo, de nuestras limitaciones... Lo que nunca he entendido es el dolor de los niños, de los exentos de culpa, de los inocentes.

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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"