lunes, 28 de marzo de 2011

Los trabajos de Hércules

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Para despejar la incógnita, deberías saber que la verdad acostumbra a ser inversamente proporcional al cuadrado de la suma de esos dos algoritmos que conoces de sobra, una vez divididos por 1.000, le confesó, satisfecha. Luego dar con ella es tan simple como realizar la raíz de dicho resultado y listos.
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"Esperando al derbi Collado Hermoso (Segovia)". La foto es de Pepo Paz, y procede de su fotoblog Maneras de mirar.
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10 comentarios:

  1. Ah, matemáticas no, esto sí que no te lo perdono. Porque, al final, si sabemos la verdad a través de esos dos algoritmos que conocemos de sobra, ¿cuál es la maldita incógnita que deseamos despejar? La complicación, lo rebuscado, como si lo cercano y lo sencillo no fueran respetables por evidentes.
    Hazme caso, Hércules. Esta vez, Gemma quiere liarte.

    Besos.

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  2. Estás hecho un lince, Jesus. La verdad, cuando se muestra demasiado evidente, deja de interesarnos de golpe, y ya no digamos seducirnos. Por lo demás, nadie ha dicho que la verdad de este micro fuera la incógnita que resolver... :-)
    Besos

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  3. La intuición, el pensamiento y la acción sencillos y directos, pueden ser tan atractivos y seducirnos tanto como una incógnita, siempre que el planteamiento de ésta no sea tan rebuscdo que nos deje en el más absoluto desinterés.

    Besos sencillos.

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  4. Lola, la verdad de cualquier asunto puede mostrarse a veces tan oscura como la tesis de este micro, un galimatías en la forma y en el fondo, estamos de acuerdo. Una boutade también.
    Besos

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  5. Hace ya un rato que llevo perdida en los algoritmos, y si además tengo que sumarlos, elevarlos al cuadrado y dvidir por mil, me siento perpleja y la incógnita tendrá que esperar, si es que merece la pena que se resuelva. Lo que si me gustaría saber es la verdad, pero a una hora temprana, con una copa de vino y una mirada a los ojos que suelen desvelarla.
    Un micro dos por dos, partido por la raiz cuadrada de ese tercero y dividido para siempre hasta el infinito.
    Saludos.

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  6. Grmma, no cabe duda que la ley de las probabilidades pudiera ayudar a despejar las incógnitas y las recónditas.
    Estos trabajos, todos, no aseguran el hallazgo del vellocino de oro o cuando menos un digno lugar en la champions.

    Un abrazo con 300 atmosferas.
    Sergio Astorga

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  7. La verdad está en el aire, por eso las filosofías orientales trabajan tanto con la respiración.
    Digo yo.
    Besos, Gemma

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  8. Adita, veo que has salido airosa del planteamiento matemático. En efecto, para resolver este micro es más útil la intuición que cualquier teorema insidioso. Enhorabuena. Un abrazo

    Sergio querido, siempre y cuando la susodicha incógnita no se halle en un lugar demasiado recóndito, jaja. Un abrazo de esos por mil para ti

    Torcuato, dices bien, claro que sí. O eso me parece hoy al menos. Besos

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  9. Mira que yo prefiero las matemáticas a las filosofías orientales (es también desconocimiento de ellas, seguro) pero esto me da ganas de respirar hondo y decir: ¡que sea lo que Dios quiera!

    (¿Y cuáles son los dos algoritmos que "conoces de sobra"? Sin eso no hay manera de despejar la incógnita, que parece ser la verdad. Conociéndolos sólo hay que dividirlos por mil y sumarlos. No merece la pena elevarlos al cuadrado para sacara luego la raíz cuadrada. Luego son inversamente proporcionales. Clarísimo;-))

    Kisses, sister.
    ¿También estás con algún virus?

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  10. Sister, ese par de "algoritmos que conoces de sobra" son un misterio para mí, no para el personaje, o eso esperamos todos, aunque solo sea por el bien del micro. :-)
    No sé si la incógnita por despejar es la verdad, aun cuando la verdad suela ser casi siempre una incógnita. A menudo incluso para nosotros mismos, que vamos de asombro en asombro, cuando menos.
    De momento mi ordenador y yo estamos sanos como un par de incógnitas, digo manzanas, y que dure.
    Muchos besos

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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"