jueves, 16 de septiembre de 2010
sábado, 11 de septiembre de 2010
Un crimen ejemplar

Te creía mía y no lo eras.
Te quería mía y no lo serías.
Así que lo dispuse todo para que no fueras siquiera.
Te creía mía pero no lo eras. Te quería mía cuando nunca lo serías. Así que lo dispuse todo para que no fueras siquiera.
* Fotografía "Aldaba", de Juan Yanes, publicada en su bitácora El oscuro borde de la luz II. Yanes es el autor del siguiente microrrelato, audaz y brillante como todo lo que escribe.
Aldaba.- Cuando quise tocar en la puerta, la mano de hierro de la aldaba atenazó la mía. Juan Yanes
martes, 7 de septiembre de 2010
De un salto
martes, 31 de agosto de 2010
Limo vital

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El sol y la humedad hacen crecer, efectivamente, esos árboles de colorido ocre que tienes ahí, justo enfrente, y cuyas hojas habrán de servir de alimento a toda clase de escarabajos, polillas y garrapatas; los cuales, junto con gusanos, insectos y otros organismos habitantes del suelo, constituyen el más sustancioso manjar de pájaros y demás especies voladoras; esos seres obstinados en picotear, agujerear, ensanchar y poblar bosques enteros de hoja caduca; garantes incautos en su labor necesaria de reciclado vital.
....
domingo, 29 de agosto de 2010
Cae una gota
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El mar
Salgo a la calle llovida. Una gota –quizá la única que quede en el aire- cae en mis lentes, me empaña la vista y me dice:
-Soy el mar.
Enrique Anderson Imbert, La sandía y otros cuentos,
Editorial Galerna, Buenos Aires, 1969, p. 127.
...
Y el aire –quizá el mar- empaña la única vista que me sé; queda la llovida en mis lentes.
-Sal al mar, me dicen.
Cae una gota en la calle.
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"