miércoles, 11 de julio de 2007

Ocho al cuadrado (Meme)

Como he visto por ahí que es costumbre eso de actualizar los posts, cosa que yo hago constantemente, he creído oportuno reenviar esta actualización sin meme a fustigador y a garib, por si les apeteciera devanarse los sesos. Se trataría de seguir la estructura que aplica una servidora en el meme de más abajo. Al bueno de garib vamos a dejarle que nos haga un meme al cubo; faltaría más... (Si nán tuviera blog, también se lo habría mandado. ¿Tienes?) El resto lo dejo en vuestras manos.

domingo, 8 de julio de 2007

El gigante Enanón (Microrrelato)

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El pequeño gigante se sentía pesaroso y abatido. ¿Cómo iba nadie a temerlo, si ni siquiera era capaz de parecer un gigante de verdad? Por muchas serpientes y conejos que se zampara, seguía sin alcanzar la altura a que lo obligaba su condición, y ¿cómo pretendía asustar a nadie con esas medidas ridículas?
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Para más inri, el gigante Enanón estaba enamorado. Su padre le había dejado bien claro que, ante todo, debía hacerse fuerte y alto como un roble para poder atemorizar a cuantas princesas lograran subyugar su ímpetu y ferocidad, pero muy pronto no sólo se descubrió a sí mismo enano y cabezón, falto de las debidas proporciones, sino que cometió el lamentable error de enamorarse perdidamente de la princesa Principesa, bella entre las bellas, amén de muy alta.
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Principesa solía pensar que Enanón no era un gigante de verdad; pero en lugar de sentirse afortunada, lloraba como una niña malcriada a la que le hubieran torcido el gusto. ¡Ella quería para sí un gigante cruel y violento como los había a cientos en fábulas y cuentos! ¿Qué era eso de que a su reino le hubiera correspondido un gigante enano incapaz de raptarla como era debido? ¿Cómo osaba ese trozo de carne con patas privar a una princesa de su alcurnia y condición del ansiado rescate que debía llevar a cabo sin más tardanza el añoradísimo príncipe azul? A decir verdad, es probable que el susodicho estuviera a estas alturas pasándolas moradas, de tanto esperar una ocasión que no acababa de presentársele...
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Pero como no hay pena que cien años dure, un día, cansado de languidecer y de permanecer postrado hasta la exasperación, el gigante Enanón se echó un cubo de pintura azul por encima y, en un alarde de osadía y temeridad, subió al caballo de esa guisa y se encaminó al castillo de la princesa Principesa, su amada y desdeñosa señora.
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Viendo que un caballero azul pedía audiencia a tan inoportunas horas de la noche, lo hizo pasar de inmediato. Y como era tanta su ansia por ser raptada o salvada, que ya empezaba la pobre a hacerse un lío, cayó rendida ante su halo resplandeciente de caballero recién pintado.
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Ni que decir tiene que los futuros infantes serían altos como la princesa Principesa y cabezudos como el gigante Enanón. Por supuesto, comieron perdices. Lo de la felicidad es ya otro microrrelato.
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viernes, 6 de julio de 2007

El sol del membrillo (Crítica de cine)

Hoy me marco un post vulgar y corriente; nada de microrrelatos... ¿Aceptáis una remomendación? Id corriendo al videoclub más cercano (si es que todavía queda alguno allá por donde viváis), y cogeos El sol del membrillo (1992), de Víctor Erice. Lo mejor es que la veáis solos (aunque también puede uno verla entre amigos, eso sí: siempre y cuando hayáis pactado de antemano guardar silencio durante la misma).

Es una película estupenda por muchas razones: en primer lugar, porque en ella vemos el empeño infructuoso del pintor Antonio López intentando atrapar la luz del sol a una determinada hora del día sobre un membrillero; imagen ésta que el pintor se empeña en traspasar a un óleo sin poder llevarla a cabo. Pero, sobre todo, porque en ella podemos observar en vivo a un artista afanándose en una labor que le da sentido pleno a su vida, y quizá sea esa visión tan desnuda del acto creativo lo que merezca que corráis a ver la peli.

A lo largo de su desarrollo, un documental estupendo, me maravilló sobre todo la tranquilidad del pintor a la hora de resignarse sin más ante la imposibilidad de su proyecto. ¡No se enfadó siquiera!, después de pasarse ya no semanas, sino meses, persiguiendo esa idea sutil de plasmar la luz sobre los membrillos. Así, al principio, tiene que hacer frente a días de tormenta y lluvia en los que apenas si sale el sol, pero después resulta que los frutos están demasiado maduros y arquean las ramas del árbol con su peso, por lo que el pintor se propone "corregir" su cuadro actualizando su pintura como si de una fotografía se tratase.

¿Por qué lo hace?, os preguntaréis. Pues porque busca reflejar la belleza perfecta de la realidad de ese membrillero que plantó él mismo en el jardín de su casa. Nada más y nada menos. Y para no traicionar esa belleza que empieza a decaer pero que no por ello deja de serlo, decide "corregir" su cuadro mientras pueda. Para ello, se vale de la ayuda de unas marcas blancas que traza él mismo sobre los frutos, y que van indicando el sucesivo decolgamiento de cada membrillo... (Increíble, ¿verdad?) Sólo cuando los membrillos empiecen a caer al suelo, abandonará Antonio López el proyecto del óleo para abordar otro distinto.

El segundo proyecto es, por tanto, ya del todo humano: una vez asumida la voluntad implacable de la naturaleza, siempre más fuerte que la del hombre, qué duda cabe; decide trazar ahora al carboncillo un dibujo del árbol con los pocos frutos que aún le quedan, aunque si lo pienso mejor, creo que ni siquiera se trata de un carboncillo, sino de un simple dibujo a lápiz... Toda una poética, la suya, de la vida y del arte, ¿no os parece?

Si tenéis la suerte de no haberla visto todavía, ¡que la disfrutéis!
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Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma, "Recuerda"